Cáncer de mama, una lección de vida

El 19 de octubre se conmemora el Día Internacional del Cáncer de Mama, una fecha establecida en 1988 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el objetivo de sensibilizar a la población sobre la importancia de la detección precoz y el tratamiento oportuno de esta enfermedad.

Este día busca dar visibilidad al cáncer de mama, que es el tumor más común entre las mujeres. Afecta, aproximadamente, a una de cada ocho (1). A pesar de que la incidencia ha aumentado en los últimos años, España tiene una de las tasas más bajas de Europa. La tasa de mortalidad ha disminuido gracias a los programas de detección precoz y los avances en los tratamientos. En Cataluña, la supervivencia ha mejorado un 5% en el año 2023, lo que representa una mejora del 89% de los casos detectados (3).

Por todo ello, todos tenemos una alta probabilidad de convivir con alguna persona afectada por un cáncer de mama. Con motivo de la conmemoración del Día Internacional, compartimos la experiencia de un miembro de la comunidad universitaria que hace unos años vivió la experiencia de padecer este tipo de neoplasia.

El diagnóstico

¿Por qué te hiciste la primera prueba diagnóstica? ¿Fue en un control de cribado o porque tenías alguna sospecha?

Me palpé el tumor un 31 de diciembre del año 2018 en una autoexploración mamaria. Sentí que no era bueno, no sé por qué, pero sabía que era un cáncer. Ese día pensé que no habría nadie que pudiera ayudarme, eran las fiestas de Navidad, el último día del año. Decidí ir a urgencias, más que nada por dar el primer paso de un camino que nunca habría contemplado. Pedí a la ginecóloga que al menos me hiciera una ecografía, pero me dijo que en urgencias no hacían ese tipo de pruebas. Me fui a casa sintiendo que el cielo me aplastaba contra el suelo.

La cadena de alerta ya estaba activada. Esa noche tenía invitados a cenar en casa y al día siguiente llevaba a mi hija de 6 años a entregar la carta a los Reyes Magos. Se me hacía un nudo en el estómago cada vez que la miraba. Fueron dos días muy duros. Empezaba el año pensando que quizás era la última Navidad de mi vida. El día 2 de enero me llamó la enfermera de cribado de cáncer de mama y me hicieron una ecografía que no fue nada concluyente. Posteriormente me hicieron una mamografía, que indicaba que no había malignidad. También una biopsia por punción, pero fue en la segunda biopsia, siete meses después, cuando salió positiva para neoplasia de mama. La resonancia magnética también lo confirmó.

¿Cuál fue tu reacción inicial al recibir el diagnóstico de cáncer de mama?

Fue el día 7 de octubre de 2019. Ese día esperaba ver colgados los resultados de la visita previa de control en “Mi Salud”, pero no los colgaban y llamé a la enfermera gestora de cribado de mama de mi hospital de referencia. Los resultados no eran los esperados. Me recibieron en consulta presencial ella y la ginecóloga especialista en mama. Fui sola. En la consulta estábamos las tres con una caja de pañuelos. Fue muy triste, lloré mucho, pensé muchas cosas. Les pedí que me acompañaran, que yo me dejaría llevar y que haría lo que fuera para afrontar lo que viniera.

El tratamiento

¿Qué tipo de tratamiento recibiste y cómo impactó en tu vida diaria? ¿Cómo te sentiste emocionalmente durante el proceso? 

Mi primer tratamiento fue la cirugía. Conservaron la mama, me hicieron una tumorectomía, me resecaban el tumor y ampliaron los márgenes. El día antes tuve que ir a un centro de medicina nuclear para que me marcaran los ganglios centinela, aquellos que tenían que retirar en la intervención para ver si las células malignas habían salido de la mama y habían ido a la sangre. Debo decir que cuando desperté de la cirugía sentí que ya no lo tenía. Por las características del tumor, ya analizado, la oncóloga me hizo tratamiento con quimioterapia durante tres meses. Aquella quimioterapia que entra por la sangre y que sientes que te envenena, se llamaba Taxol. Como tenía un factor de mal pronóstico, el Her2 positivo, tuve que hacer otra quimioterapia durante un año entero, pero esta era más tolerable. Sentía que estaba viviendo como una vida paralela al mundo, como si no fuera cierto que me había tocado a mí pasar por este proceso, como si no pudiera ser. Sentía que desaparecía. ¿Y qué hice? Pues fluir, dejé que mis días, mis tratamientos, mis compañías, mis sensaciones, mis emociones, mi familia, mi hija, fluyeran… con aceptación y mucha resiliencia. Hasta conseguir, incluso, bromear sobre el proceso y sobre mí misma. Y para terminar, realicé 20 sesiones de radioterapia, que fueron en plena pandemia de covid. Pasé muchísimo miedo. Estaba muy sola, pero era así, literalmente.

¿Cómo te preparaste mentalmente para afrontar los efectos secundarios del tratamiento? 

Mentalmente no te puedes preparar. La enfermera de oncología te explica todo lo que te puede pasar, te da folletos informativos para que los vayas leyendo. Con mucha fe, me documenté en todo lo que pude: libros, páginas web fiables… Me gustaba leer las experiencias de otras personas. Después, cuando los efectos van apareciendo, sientes que ya no hay marcha atrás, y los vas lidiando lo mejor que puedes. Yo tuve muchos efectos, creo que todos los de la lista: náuseas, vómitos, mucositis, afonía, gusto metálico, dificultad para tragar incluso mi propia saliva. Se me cayó el pelo completamente, las pestañas, las cejas, todo el vello del cuerpo… Además del cansancio, sufrí anemia, las uñas me cambiaron de color, sobre todo las de las manos. Además, las uñas se levantaron de la carne y una se me infectó. Con todo esto era imposible mantener la concentración, pero aun así hubo situaciones muy graciosas por mi falta de memoria. La radioterapia me levantó toda la piel de debajo de la mama, pasé mucho dolor. Me curaba yo sola y se me caían las lágrimas de dolor y de pena por tener que curarme frente al espejo, porque con el covid no me atrevía a salir de casa, solo para las sesiones de radioterapia.

El acompañamiento

Si tuviste necesidad, ¿qué recursos o grupos de apoyo encontraste útiles durante tu tratamiento?

Mi apoyo incondicional fueron mi familia, en especial mi hija, mi madre y mi hermana, mis amigos y el psicooncólogo, pieza clave en mi salud emocional y psíquica. Todavía hoy le sigo consultando. El hecho de hablar con alguna amiga y conocidas que habían pasado por esta situación, también me ayudó mucho. De la misma manera, también conté con el apoyo de una amiga enfermera que trabaja en el Instituto Catalán de Oncología.

¿Cómo manejaste el apoyo de familiares y amigos durante tu enfermedad? 

Pues me dejé querer, cosa que me costó, ya que era yo la que siempre había cuidado y ahora estaba al otro lado. Y me di cuenta de quiénes estaban realmente a mi lado. Una de mis amigas venía a cada sesión de quimioterapia y nos hacíamos una foto con el número de sesión, fueron 12 sesiones, las más delicadas. Guardo muy buenos recuerdos de esos momentos.

La lucha

¿Hubo algún momento específico que consideres un punto de inflexión en tu lucha contra el cáncer? 

Sí, el momento del inicio de la quimioterapia. La lucha se convirtió en aceptación y decidí disfrutarla. Le decía a mi enfermera que me pasara hasta la última gota, que no se dejara ni una en el equipo de suero. Tuve un ritual que me ayudó en este punto de inflexión, una canción, unos auriculares y un paseo de casa hasta el hospital. Era mi día, era para mí. Lo mejor, el antihistamínico que me administraban como premedicación antes del Taxol, qué sueño tan agradable sentía…llegaba a dormir. Este momento me preparaba para los días posteriores, que no eran tan buenos. 

¿Qué papel jugó la comunicación con tu equipo médico en tu proceso de curación? 

Mi equipo médico fue un lujo. Ginecóloga, cirujano, enfermera de cribado, psicooncólogo, enfermeras de hospital de día de oncología, administrativa del hospital de día, auxiliar de enfermería del hospital de día, oncóloga, radiooncóloga, técnicos de radioterapia y enfermero de radioterapia. Destaco el aspecto humano, la ayuda incondicional y, sobre todo, la confianza, el respeto y la SINCERIDAD. Siempre dispuestos a tenderme la mano en cada uno de los momentos que he vivido con y a su lado. Siempre palabras amables, de apoyo y desde el corazón.

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